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Carta Pastoral #1

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CARTA PASTORAL
CONVOCATORIA PARA EL TRIENIO JUBILAR
POR  EL 50 ANIVERSARIO DE LA DIÓCESIS DE MATURÍN

A los Sacerdotes,
religiosas y fieles laicos,
salud y paz en el Señor.

 

El 23 de mayo del año 2008 la Diócesis de Maturín cumplirá cincuenta años de haber sido creada por Su Santidad el Papa Pío XII y de haber sido nombrado como su primer Obispo el Excelentísimo y Reverendísimo Mons. Antonio José Ramírez Salaverría.

Junto con todo el presbiterio diocesano de Maturín, invitamos a todos los fieles a  celebrar el magno evento del quincuagésimo aniversario de la creación de la Diócesis Maturinense.

  1. El jubileo cincuentenario, un motivo para: agradecer, celebrar y renovarnos

Desde todos los rincones de nuestra Iglesia Diocesana queremos elevar un himno de alabanza y agradecimiento al Padre, que en su incomparable amor nos ha concedido en Cristo ser “conciudadanos de los santos y familiares de Dios” (Ef 2,19).

En la vida de cada persona los jubileos hacen referencia normalmente al día del nacimiento, o del bautismo, confirmación, primera comunión, Ordenación sacerdotal o episcopal, o del sacramento del Matrimonio. A estos aniversarios los cristianos les atribuyen siempre carácter religioso. De hecho, en la visión cristiana  cada jubileo – 25 aniversario del sacerdocio o del matrimonio, llamados “de plata”, o del 50, denominado “de oro”- constituye un peculiar año de gracia para la persona que ha recibido uno de los sacramentos enumerados. Lo que se dice de los jubileos particulares se puede aplicar también a las comunidades e instituciones. Así que, en el ámbito eclesial se festejan los jubileos de las parroquias o de las diócesis (1).

El término “jubileo” expresa alegría; no sólo alegría interior, sino un júbilo que se manifiesta exteriormente. Es justo, pues, que toda expresión de júbilo por el nacimiento de nuestra Iglesia particular tenga su manifestación exterior.

La Iglesia respeta las medidas del tiempo: horas, días, años, siglos. De esta forma camina al paso de cada hombre, haciendo que todos comprendan cómo cada una de estas medidas está impregnada de la presencia de Dios y de su acción salvífica (2).

Con este espíritu, nuestra Iglesia diocesana, da gracias, se alegra; pero también evalúa, sopesa, pide perdón y descubre la necesidad de crecer y renovarse, presentando súplicas al Señor de la historia y de las conciencias humanas. El reconocimiento de los dones de la gracia recibidos a lo largo de estos casi 50 años, la expresión agradecida del júbilo espiritual y externo de la celebración, deben llevarnos a una conversión, que se opere, tanto en lo más profundo de las conciencias, como en las grandes opciones pastorales de la Diócesis.

  1. Un pasado de bendición, un presente de compromiso, un futuro desafiante y esperanzador.

Tratándose de  medio siglo de camino y de misión eclesial, es justo mirar hacia el pasado para ver la obra de Dios y descubrir las abundantes bendiciones y gracias derramadas por el Señor, para exclamar, con el salmista, llenos de gratitud: “el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres” (Sal 125,3).

Una vez creada nuestra Diócesis por el entonces Romano Pontífice Pío XII, correspondió por decisión del mismo Papa, a Mons. Antonio José Ramírez Salaverría, a la sazón Vicario General de la Diócesis de Cumaná, ser su primer Obispo. Quien la regiría a partir de entonces, hasta el año 1994, cuando su Santidad Juan Pablo II nombra, para sucederlo, al Excelentísimo Mons. Diego Padrón Sánchez; quien estuvo al frente de ella hasta el año 2002.

Tarea primordial de Mons. Ramírez fue la promoción del clero, estimulando la oración y la obra en pro de las vocaciones sacerdotales, intenta la fundación del Seminario Menor Diocesano y se esfuerza por enviar a Caracas un número de jóvenes – la mayoría nativos de Monagas- a realizar los estudios sacerdotales. Ordenó durante su episcopado 14 sacerdotes que aumentaron el número de miembros del clero de Monagas. Otro frente de trabajo de Mons. Ramírez Salaverría fue  la organización y creación de parroquias  con los respectivos templos y casas curales.

Se esmeró en buscar y traer congregaciones religiosas masculinas y femeninas: los Padres Jesuitas, los Padres Dominicos, los Padres Eudistas, las Hermanas del Santo Ángel, Hermanas del Sagrado Corazón, Hermanas del Divino Maestro, Siervas del Santísimo, Siervas de Cristo Jesús, Catequistas de Lourdes.

Le correspondió participar en el magno evento de la Iglesia en el Siglo XX, que fue el Concilio Vaticano II y en la aplicación del mismo en la Diócesis.  El laicado recibe un impulso con los movimientos: Legión de María, Cursillos de Cristiandad, Renovación Carismática  y otros.

Emprende, con la aportación de todos los monaguenses, la construcción de la Catedral de Nuestra Señora del Carmen, lográndola concluir y consagrar el 23 de mayo de 1981 y deja iniciada la construcción del Palacio Episcopal y el proyecto del Templo a San Maturín.

La persona de Mons. Ramírez se convierte en una autoridad moral para todos en el Estado. En íntima colaboración con él trabajaron insignes sacerdotes, muchos continúan en la labor pastoral entre nosotros y algunos partieron a la Casa del Padre como los recordados: Mons. Pérez Madueño, el P. Domingo del Blanco, el P. Francisco, el Maíz S.J., el P. Basilio Turrado O.P.

Preocupado por la infancia y la juventud, Impulsó la educación católica con los Colegios de “Fe y Alegría”, “El Santo Ángel Custodio”, “Santo Domingo de Guzmán”, los Centros APEP, La escuela Granja “Nuestra Señora del Valle”.

Podemos decir llenos de agradecimiento al Señor, que a lo largo de 36 años, bajo el cayado de este gran pastor,  puso sus bases y se consolidó la Diócesis de Maturín.

Mons. Diego Padrón Sánchez, quien era Obispo Auxiliar de Caracas, a partir del año 1994, releva a Mons. Ramírez Salaverría como Obispo Diocesano, por nombramiento de Su Santidad el Papa Juan Pablo II.  Serán 8 años de labor incansable.

Con la cercana ayuda del clero diocesano Mons. Padrón continúa la obra de Mons. Ramírez, creando cinco nuevas parroquias.

Retoma la obra de las vocaciones sacerdotales esmerándose por abrir el Seminario Diocesano “San Pablo Apóstol”, obra de total relevancia para la vida de la Diócesis. A raíz de la promoción vocacional y de la fundación del Seminario comienzan a aumentar el número de jóvenes aspirantes al sacerdocio. Durante el pastoreo de Mons. Padrón la Diócesis se vio bendecida por la ordenación de 6 nuevos sacerdotes. Con gran esfuerzo y pensando en las necesidades académicas del Seminario y la mejor formación del laicado, envió un grupo de sacerdotes a cursar estudios de especialización en el exterior.

Con tino de pastor de los nuevos tiempos, crea el “Instituto Teológico Pastoral” para la formación de los laicos (INTEPAS) y decide dar nuevo impulso a la catequesis en toda la Diócesis; siendo, gracias a ello, Maturín la pionera en la implementación de los itinerarios catequísticos. Con el fin de organizar y promover esta nueva forma de catequesis, gestiona la venida de las Hermanas Catequistas de Cristo Crucificado, quienes se encargaron de coordinar el Secretariado Diocesano de Catequesis.

Continúa la labor educativa, creando en Barrancas del Orinoco el Colegio Diocesano “Jesús Maestro” y su extensión indígena, con las librerías que llevan el mismo nombre. Organiza la Educación Religiosa Escolar (ERE).

Emprende la organización de la pastoral de conjunto y la impulsa con la organización  de los servicios diocesanos. Para la proyección de toda la vida eclesial y de la misión pastoral de la Diócesis emprende el Proyecto Pastoral de Renovación Diocesana, cristalizándose éste en el “Ideal de Diócesis” y en el “Plan Pastoral” que marcará la ruta a seguir por toda la Comunidad Eclesial de Maturín.

Bajo el impulso y acompañamiento de Mons. Padrón nuevos movimientos laicales: Encuentros Conyugales, el Grupo de Oración del P. Ignacio Larrañaga y el Camino Neocatecumenal llegan a nuestra Diócesis, al mismo tiempo que anima e impulsa a los ya existentes.

Incursionando en el basto campo de la comunicación social, funda el medio escrito diocesano “La Noticia”.

Puede decirse, con toda propiedad, que Mons. Padrón promovió la vida consagrada fundando un Instituto secular de vida apostólica (INSECOM), trajo  la Congregación de las Hermanas Dominicas de Fátima y a las Monjas Dominicas de vida contemplativa.

Diego Padrón Sánchez, con su celo y arrojo pastoral, puso nuestra Diócesis a la altura de los tiempos actuales. Maturín está eternamente agradecida a este Insigne Pastor, que por disposición del mismo Papa Juan Pablo II fue nombrado como segundo Arzobispo de Cumaná.

Durante la sede Vacante de casi dos años, Mons. César Ramón Ortega, Obispo de Barcelona, dirigió la Diócesis en calidad de Administrador Apostólico con celo y entrega, preparándola para la llegada de este Servidor. Correspondió a él hacerme entrega canónica de la Sede el 31 de octubre de2003, fecha de mi ordenación episcopal y toma de posesión.

Por todo este pasado llenos de tantas gracias y bendiciones del Señor “que construye la casa”(Salmo 126,1), es “justo y necesario”, agradecer, bendecir y celebrar, como pueblo de Dios que camina en Monagas al Dios Uno y Trino y a cuantos han sido, desde el inicio de la vida de la Diócesis, “piedras vivas”(1Pe 2,7) para la edificación de esta porción de la Iglesia de Cristo. Debemos tener una memoria agradecida, que sólo es posible si logramos tener un conocimiento de la historia de nuestra Diócesis que nos permita identificarnos como hijos y miembros de ella.

A la luz de esta historia podremos ver con mayor claridad el compromiso del presente que tenemos como Iglesia particular en el contexto mundial, continental, nacional de la Iglesia Católica y descubrir los desafíos que el futuro nos plantea.

La Diócesis de Maturín ha caminado, prácticamente desde sus albores, junto con toda la Iglesia Universal, por el gran camino del Concilio Ecuménico Vaticano II. Fue una Diócesis prácticamente erigida a las puertas de este Magno Evento de la historia eclesial. Mons. Ramírez Salaverría, fue testigo presencial del “Nuevo Pentecostés” del Siglo XX, participando en él como Padre Conciliar, junto con sus hermanos miembros del Episcopado Venezolano de aquella época.

El CONCILIO VATICANO II, del cual acabamos de celebrar los 40 años de su clausura y promulgación el pasado 8 de diciembre, fue convocado por el Papa Juan XIII y continuado por el Papa Paulo VI, para que se abrieran las puertas de la Iglesia a los tiempos modernos que pedían un cambio de rumbo y de acentos en  las instituciones y en la forma de hacer su misión en el mundo. De ahí afloró una nueva primavera y sus frutos son palpables (3). La Diócesis Maturinense es fruto de esa primavera del Vaticano II, ya que se ha venido edificando y desarrollando bajo las orientaciones y lineamientos que trazó dicho Concilio Ecuménico.

Este movimiento de “puesta al día” no ha cesado, gracias a las opciones y  propuestas asumidas a partir de las Asambleas del Episcopado Latinoamericano ocurridas para aplicar el Concilio (Medellín 1968, Puebla 1979, Santo Domingo 1992) en nuestro continente y en nuestro País. Los Sínodos mundiales de Obispos, ordinarios y extraordinarios, han signado también, el caminar de nuestra Iglesia Diocesana. Mis dos predecesores se han esforzado con todas sus fuerzas en cumplir fielmente esta tarea.

La visión clara del Papa Juan Pablo II, resumió y orientó todo este movimiento suscitado por el Concilio Vaticano II bajo el concepto de “NUEVA EVANGELIZACIÓN”. Así, desde tierras Latinoamericanas, convocó a toda la Iglesia a empeñarse en ella.

Al comienzo del nuevo milenio, tras haber celebrado el gran jubileo de la Encarnación del Hijo de Dios, el Papa Juan Pablo II, en nombre de Cristo, nos exhortó a acometer la Nueva Evangelización con las mismas palabras dirigidas a los discípulos a orillas del Mar de Galilea: “Remen mar adentro”(Lc5,4)). El Papa nos insistió en que la inmensa tarea de la Nueva Evangelización no es eficaz si primero no volvemos nuestra mirada al rostro de Cristo, ya que el cometido de la Iglesia no es otro que reflejar la luz de Cristo en cada época de la Historia y hacer resplandecer también su rostro ante las generaciones del nuevo milenio (4); para que, desde esa contemplación, encuentro y experiencia con Cristo, pudiéramos “Caminar desde Cristo” (5).

 No se trata de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Sin embargo, es necesario que el programa formule orientaciones pastorales adecuadas a las condiciones de cada comunidad (6).

La Diócesis de Maturín (clero, fieles religiosos y fieles laicos) presidida por Mons. Diego Padrón, decidió, desde hace ya 9 años buscar la forma de establecer indicaciones programáticas concretas- objetivos y métodos de trabajo, de formación y valoración de agentes y búsqueda de los medios necesarios – que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente, mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura” (7).

De esta búsqueda en común surgió el “PROYECTO DIOCESANO DE RENOVACIÓN Y EVANGELIZACIÓN”, plasmado como tal en el 2002. El objetivo de este proyecto – que en sí es un medio para ello- es LOGRAR UN MODO DE VIVIR EL SENTIDO DE IGLESIA COMO MISTERIO DE COMUNIÓN Y MISIÓN, a la luz de la teología y la eclesiología del Vaticano II. En el presente, la Diócesis de Maturín siente el compromiso de seguir adelante con el Proyecto de Renovación y Evangelización; no sólo porque fue una opción tomada por la representatividad del Pueblo de Dios que está en Monagas (clero, religiosos y laicos), sino, sobre todo, porque expresa y facilita el cumplimiento de la voluntad del Señor sobre nuestro ser y hacer como Iglesia.

A la par que nuestra Diócesis se trazaba este Proyecto de Renovación, la Iglesia de todo el País fue convocada por sus Obispos para acometer la obra más importante de la vida eclesial venezolana en estos momentos cruciales del fin de siglo y comienzo del nuevo milenio: el CONCILIO PLENARIO DE VENEZUELA (CPV).

El Concilio Plenario de Venezuela, quiere mirar todo en Cristo Jesús, nuestro único Salvador. Comienza por mirar a Cristo colocándolo en el centro de todas las preocupaciones de la Iglesia en Venezuela y teniéndolo a él como supremo criterio de cualquier decisión, en la búsqueda de los bienes del Reino de Dios y también en la búsqueda del bien temporal de la nación que depende del esfuerzo, del trabajo, de la dedicación, del aporte generoso, de cada uno de los que componen la sociedad venezolana(8).

Han transcurrido casi 10 años de Concilio entre la etapa preparatoria y los 5 años celebrativos. Con la promulgación de los documentos, comenzará la etapa más importante del proceso conciliar: la del conocimiento, apropiación y aplicación por las comunidades eclesiales de las orientaciones y disposiciones de estos emanadas. La Diócesis de Maturín ha participado en los últimos 5 años en las 6 sesiones generales del CPV a través de sus Obispos  y de una comisión de delegados religiosos y laicos. Ahora se apresta a la recepción del Concilio Plenario de Venezuela, compromiso que debemos asumir en comunión con las arquidiócesis, diócesis y vicariatos apostólicos de Venezuela.

A nivel continental, el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) ha convocado la QUINTA ASAMBLEA GENERAL DEL EPISCOPADO DE LATINOAMERICA Y EL CARIBE para el año 2007 en la Ciudad de Aparecida, Brasil

Así, pues, en el presente de nuestra historia diocesana debemos responder,  como Iglesia, a estos compromisos: la continuación del Proyecto Diocesano de Renovación y Evangelización; la apropiación del Concilio Plenario de Venezuela y la recepción de los aportes de la Quinta Asamblea General del Episcopado continental. Pasos necesarios para responder a los desafíos de la nueva evangelización en un futuro inmediato: llegar a ser y a actuar como verdadera “Iglesia de Comunión”; “Iglesia de verdaderos discípulos de Cristo”; “Iglesia Misionera”. 

 Mirando hacia el futuro, vemos que el camino es largo y difícil, que aún nos falta                        mucho para lograr ese modelo de Iglesia que queremos ser. Sin embargo, confiamos en la promesa del Señor a su Iglesia: “yo estaré  con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”(Mt28,20). A este Señor, que “nos precede en Galilea”(Mt 28,7), elevamos nuestros ojos esperanzados.

     La ocasión de celebrar el Jubileo Cincuentenario ha de servir como un momento fuerte de apertura a la gracia divina, para que el Espíritu Santo nos haga profundizar en nuestra identidad católica y nos impulse a la misión. De esta forma nos sentiremos convocados, motivados y comprometidos a asumir los desafíos de los tiempos que vivimos y podremos evangelizar esta “Tierra de Gracia”.

  1. El Trienio Jubilar cincuentenario

El objetivo principal de este evento diocesano es: CELEBRAR LA FE, LA VIDA Y LA IDENTIDAD DE NUESTRA IGLESIA DIOCESANA EN EL CONTEXTO DEL JUBILEO CINCUENTENARIO.

La duración de esta conmemoración será de tres años. Cada uno de los tres años tendrá, a su vez, un objetivo específico a saber:

  1. a) Convocar a la celebración jubilar con una misión que promueva el encuentro con Jesucristo.
  2. b) Preparar a la comunidad cristiana por medio de una catequesis centrada en los sacramentos de iniciación para una mayor conciencia de identidad y pertenencia eclesial.
  3. c) Vivenciar el nacimiento, el desarrollo y la actualidad de nuestra Iglesia Diocesana para amarla y comprometernos con ella en la misión.

Dos grandes ejes transversales cruzan todo el Trienio Jubilar: La apropiación del Concilio Plenario de Venezuela y la continuación del Proyecto Diocesano de Renovación y Evangelización.

El trienio comenzará en Mayo del 2006 y culminará en enero  del 2009. Estos hitos marcarán el itinerario jubilar:

-Solemne apertura del trienio, el 24 de mayo de 2006

-Gran Misión Diocesana, enero 2007 a enero 2008

-Celebración central de los 50 años de la fundación de la Diócesis, 24 de mayo de 2008

-Cierre solemne del Jubileo, enero 2009.

El primer año del Trienio del Jubileo Cincuentenario Diocesano (Enero 2006 – Enero 2007) será destinado a: convocar a todos los fieles católicos de Monagas y a todas las personas de buena voluntad  a participar en la realización del Trienio Jubilar, prepararlo y organizarlo; realizando una campaña divulgativa, creando una comisión ejecutiva y formando los agentes necesarios.

  • El período convocatorio propiamente dicho (enero – mayo 2006), se inicia con la publicación de la presente Carta Pastoral e implicará una labor de información a través de los medios de comunicación. Al mismo tiempo de trabajo de la Comisión ejecutiva para el Jubileo.
  • La apertura solemne y el inicio de las actividades tendrá lugar, como hemos dicho anteriormente, el 24 de Mayo de 2006 (Fecha aniversaria de la Creación de la Diócesis de Maturín).
  • En el transcurso de los meses de Mayo a Diciembre del 2006 se realizarán los talleres para la preparación de los Misioneros que han de llevar, por toda la Diócesis, la Gran Misión
  • La gran Misión Diocesana. Será la actividad central del segundo año del Trienio Jubilar. La Diócesis de Maturín se declara en estado de misión desde el mismo momento del inicio del trienio. Será una misión evangelizadora que: anuncie el Kerygma (núcleo de la Buena Nueva), promueva la catequesis y entregue la Sagrada Escritura al Pueblo de Dios.
  • La preparación, organización y distribución de los misioneros tendrá lugar en el lapso comprendido entre mayo y diciembre 2006.
  • Se abrirá con un envío Diocesano y Parroquial en enero del 2007
  • La primera etapa de la Misión (Enero – Junio 2007) buscará: anunciar en todas las comunidades, sectores, hogares y ambientes a Jesucristo Salvador por su Misterio Pascual, para suscitar la conversión, reconciliación y aceptación personal de Cristo como Señor de la vida. Los tiempos litúrgicos fuertes de Cuaresma y Pascua serán un marco propicio para este anuncio del Misterio Central de nuestra fe. La Gran Solemnidad de Pentecostés servirá para coronar esta etapa.
  • La segunda etapa (Junio – septiembre 2007) tendrá como objetivo: proponer, a quienes han acogido el anuncio del Kerygma, la necesidad de hacer un camino de crecimiento en la fe para profundizar ese primer encuentro con Cristo, promoviendo la catequesis para adultos y jóvenes. El mes de la catequesis servirá de marco para la culminación de esta segunda etapa de la Misión.
  • En la tercera etapa (octubre 2007 – enero 2008) se buscará: Entregar la Sagrada Escritura a los fieles; enseñando el uso y lectura católica de la Biblia, promoviendo círculos de estudio bíblicos, enseñando la práctica de la lectura orante (lectio divina) estimulando a las comunidades a tener, con frecuencia, la celebración de la Palabra como tal (no como substituto de la misa). Culminará esta tercera etapa con una celebración de la Palabra simultánea en Catedral y en cada Parroquia- de ser posible coligados a través de la TV- para hacer la entrega solemne de la Biblia a los fieles.

El  tercer año del Trienio Jubilar (enero 2008- enero 2009) tendrá por objetivo: vivenciar el nacimiento, el desarrollo en la actualidad, de nuestra Iglesia Diocesana, para amarla más y comprometernos en la misión; realizando una catequesis en todas las comunidades, sectores, familias y ambientes, sobre los tres sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación, Eucaristía) y realizando actividades conmemorativas de la Diócesis, para lograr una mayor conciencia de la identidad cristiana y del sentido de pertenencia al Pueblo de Dios.

  • El tiempo de inicio de año, cuaresma y pascua (enero-mayo 2008) se dedicarán a la catequesis sobre los tres sacramentos de iniciación.
  • En Mayo del 2008, serán los actos celebrativos del Cincuentenario, que tendrán como día central el 24 de mayo, fecha aniversaria.
  • De mayo del 2008 a enero 2009, será la etapa final del año jubilar, dedicada a unas jornadas sobre la aplicación del Concilio Plenario de Venezuela, las Conclusiones de la V Asamblea General del Episcopado Latinoamericano. A la preparación de la Asamblea Diocesana que nos llevará a  definir los nuevos pasos a dar en nuestro Proyecto Diocesano de Renovación y Evangelización y a la toma de decisiones cara a los desafíos prioritarios y al compromiso de todos en la misión de la Iglesia Diocesana a la luz del CPV y de la Quinta Asamblea de los Obispos en Aparecida, en pro de la evangelización, promoción humana y contribución a una nueva sociedad en Monagas.
  • En Enero será la solemne clausura del Trienio y del año Jubilar a nivel Diocesano.
  1. Pregón del Jubileo Cincuentenario de la Diócesis de Maturín

Queridos hermanos, con el júbilo que brota de la presencia de Dios entre su pueblo, con un corazón agradecido por tantos dones de su bondad y amor infinitos repartidos entre nosotros en estas décadas de camino diocesano, aprestémonos a vivir el Jubileo de oro  de la Iglesia que está en Monagas. Dejémonos mover, desde el corazón por este pregón de la gran fiesta que se avecina.

A los mil novecientos cincuenta y ocho años de la Encarnación del Verbo,

A cuatrocientos cincuenta y tres de la primera evangelización de Venezuela,

Siendo Sucesor de San Pedro, el Papa Pío XII, y Arzobispo de la Iglesia Madre

De Ciudad Bolívar, Monseñor José Bernal;

El Santo Espíritu que guía siempre a su Iglesia, inspiró  a esos amados pastores,

Siempre solícitos por la vida cristiana del Pueblo de Monagas,

La creación de la Diócesis de Maturín.

Al otro lado del Tumiriquire, el joven pero avezado Pastor Sucrense,

Antonio José, es sorprendido como María por la elección Divina que pesa

Sobre sus hombros.

Su “sí” se convirtió en el don inmenso de un Obispo,

Sucesor de los Apóstoles, que, desde entonces, desposó estas tierras y,

Cual José que se entrega al cuidado de la Madre y del Hijo del Altísimo,

convocó y guió con su dulce cayado la Grey de los hijos de la “Tierra de Gracia”.

La Presencia constante del Obispo, padre de todos y hermano mayor, junto con la acción de su Clero, armonizado con él “como cuerdas a la lira”, han sembrado el Evangelio y han hecho presente a la Iglesia: “experta en humanidad”, cultora de justicia y libertad,

amante de la responsabilidad personal   y colectiva a favor de los más pobres;

promotora incansable de la trascendencia, porque la vida perdurable no está aquí,

recordándonos que no hay poder humano que sea eterno, que sea infalible, ni placer y  dinero que llene todas las expectativas del ser humano.

En cincuenta años las generaciones han sido engendradas por el Bautismo a la

Vida que no acaba. Confirmados en la fe por el Espíritu y con el alimento Eucarístico, muchos han formado hogares honorables, no tanto por sus riquezas materiales como por sus valores humanos y cristianos.

Otros, se han consagrado a difundir los valores radicales del Reino, abrazando los Consejos del Evangelio en la vida apostólica y también contemplativa.

Ha crecido el número de jóvenes que, con el fervor de la confirmación y de la Eucaristía, se han entregado al servicio de su Pueblo en el Sacerdocio.

Hombres y mujeres han recibido de esta vida de gracia el arrojo para ser testigos de la fe en las más diversas profesiones.

No pocos luchadores sociales de nuestro Estado dieron sus primeros pasos en el seno y en las aulas de la Iglesia.

Sólo sabremos en la vida imperecedera cuántos de los nuestros encontraron abiertas las puertas celestiales gracias a la humilde y callada labor de la Iglesia Peregrina

en la Sultana del Guarapiche  y en nuestros terruños: desde los pueblos de la Sierra, hasta el Orinoco, desde los llanos colindantes con Anzoátegui hasta los caños limítrofes con el Delta.

Que eleven, pues, los hijos de la Iglesia Diocesana de Monagas  al eterno Padre

y a su Hijo Jesucristo, movidos por la luz del Santo Espíritu, un inmenso canto de Alabanza y de Acción de Gracias. Renueven su consagración al Señor que recibieron en su Sacramento del Bautismo. Congréguense para crecer más y ser mejores discípulos del Maestro, más y mejores apóstoles de Cristo.

Que, puestos nuestros ojos en la Santísima y Gloriosísima Trinidad del Dios Único,

lleguemos a ser todos, Fieles y Pastores, Iglesia de Comunión: “signo visible en la tierra de la unidad de todos los hombres con Dios y de ellos entre sí”

María Santísima, Madre de la Iglesia: Emperatriz del Valle, Reina del Carmelo, Misionera de la Esperanza, nos prestará las palabras del Magníficat para entonar al Señor este canto nuevo y nos indicará el camino hacia su Hijo para que “hagamos lo que él nos diga”.

Preparémonos al Jubileo Cincuentenario de la Diócesis de Maturín.

Que todos los católicos de  Monagas nos sumemos a la preparación y celebración de esta fiesta  eclesial desde lo más profundo de nuestro ser interior, para vivir este tiempo de Gracia y de Salvación que se nos propone y abundar en frutos de salvación.

“¡A Dios, el único y sabio, sea la gloria para siempre por medio de Jesucristo!”  (Rm 16, 27).  Amén.

Conclusión

Invito a todos, especialmente: los párrocos, religiosas,  comunidades parroquiales, educativas y a  los diversos movimientos apostólicos, a difundir esta Carta Pastoral,  leerla y comentarla en grupo. Y a permanecer en disposición y espera de las informaciones, indicaciones y propuestas, de la Comisión Ejecutiva para el Jubileo.

Desde ahora, encomendemos al Señor, con María Santísima, San Simón Apóstol y

San Maturín, este tiempo jubilar, para que en él descienda sobre nosotros su abundante gracia, logremos una conversión sincera y progresemos en la comunión y en el ardor que requiere la misión que nos urge como iglesia cincuentenaria en el estado Monagas y en la Venezuela de este mundo del tercer milenio.

Con mi Bendición Episcopal

Maturín, 06 de Enero de 2006.

Solemnidad de la Epifanía del Señor.

+Enrique Pérez Lavado

Obispo de Maturín

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  1. Juan Pablo II, Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente, 15 (1995).
  2. Ibid, 16.
  3. Baltasar Porras Cardozo, “El Concilio Vaticano II”, La Prensa, Maturín, 18-12-05.
  4. Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo Millennio  Ineunte, 16 (2001).
  5. Ibid, 29.
  6. Ibid.
  7. Ibid.
  8. Medina Estévez, Cardenal, Jorge, “Homilía en la misa de apertura del CPV”, Boletín informativo de la fase celebrativa del CPV, N º1, enero de 2001.

 

 

 

 

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