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Carta Pastoral #2

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CARTA PASTORAL Nº 2
CON MOTIVO DE LA LLEGADA DEL AÑO JUBILAR CINCUENTENARIO
DE LA DIÓCESIS 
DE MATURÍN

 

A los Presbíteros, Diáconos,
Religiosas y Fieles Laicos,
¡Salud y Paz en el Señor!

  1. Se abre un tiempo de gracia.

“Como colaboradores de Dios los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. Porque Él nos dice en la Escritura:

‘En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te auxilié’.

Miren, este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación” (2 Cor 6,1-2).

Con estas palabras del Apóstol S. Pablo, quiero invitarlos a todos a vivir provechosamente el tan esperado Año Jubilar de nuestra Diócesis. Con la alegría que brota de la presencia de Dios entre nosotros, con un corazón agradecido por tantos dones de su bondad y amor infinito, repartidos entre nosotros en estas décadas de camino diocesano, aprestémonos a vivir el Jubileo de oro de la Diócesis de Maturín.

La ocasión de celebrar el Jubileo Cincuentenario ha de servirnos como un momento fuerte de apertura a la gracia divina, para que el Espíritu Santo nos haga profundizar en nuestra identidad católica y nos impulse a la misión. De esta forma nos sentiremos convocados, motivados y comprometidos, a asumir los desafíos de los tiempos que vivimos y, así, emprender con mayor ahínco la evangelización de esta “tierra de gracia”.

El término “jubileo” expresa alegría; no sólo alegría interior, es también un júbilo que se manifiesta exteriormente. Es justo que también lo expresemos públicamente con distintos momentos celebrativos a lo largo de este año. Pero este júbilo que se expresa, debe nacer del reconocimiento de los dones de la gracia recibidos a lo largo de estos cincuenta años. La expresión agradecida del júbilo espiritual y externo de la celebración, debe llevarnos a una conversión, que opere, tanto en lo más profundo de las conciencias, como en las grandes opciones pastorales de la Diócesis.

  1. Recordar para bendecir y agradecer

Tratándose de medio siglo de camino y de misión eclesial, es justo mirar hacia el pasado para ver la obra de Dios y descubrir las abundantes bendiciones y gracias derramadas por el Señor, para exclamar con el salmista, llenos de gratitud: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres” (Sal 125,2). Debemos tener una memoria agradecida, que sólo es posible si logramos un conocimiento de la historia de nuestra Diócesis que nos permita identificarnos como hijos y miembros de ella. A la luz de esta historia podremos, ver con mayor claridad, el compromiso del presente y del futuro que tenemos que asumir como Iglesia diocesana en el contexto global de la Iglesia Católica: mundial, continental, nacional, local.

  1. Celebrar la fe, la vida y la identidad

El objetivo principal de este evento diocesano es: CELEBRAR LA FE, LA VIDA Y LA IDENTIDAD DE NUESTRA IGLESIA DIOCESANA EN EL CONTEXTO DEL JUBILEO CINCUENTENARIO. Partir de nuestra realidad de luces y sombras en estos cincuenta años de vida diocesana, pero viéndolas desde la perspectiva de la Iglesia Misterio de Salvación y de comunión, encarnado en personas e instituciones temporales; llenas de dones, carisma y capacidades, pero limitados por el pecado. Por eso, debemos hacer memoria agradecida y también memoria para la conversión. Este año deberá ser un punto de llegada y, al mismo tiempo, punto de partida; de un nuevo comenzar; atendiendo la llamada del Señor a dejarnos renovar por su Espíritu, escrutando los signos de los tiempos que nos desafían a seguir el camino de Cristo: “camino nuevo y vivo que inauguró para nosotros a través del velo del templo, a saber, de su cuerpo” (Heb 10, 19).

Para lograr este objetivo, contaremos:

con las gracias especiales que enriquecerán sobrenaturalmente nuestra participación en el Jubileo;

con las luces actuales del Concilio Plenario, Aparecida y del ideal de Diócesis surgido del análisis  previo al proyecto pastoral del 2002.

  1. Las gracias del Jubileo (indulgencias)

Desde tiempos remotísimos, el Pueblo del antiguo testamento concibió el jubileo como un tiempo de redención y reconciliación. Del mismo modo lo asumió la Iglesia. El año 50; es decir, cada cincuenta años, Dios mandó a Israel celebrar el “jubileo”(cf. Lev 25,10). Un año de descanso y de fiesta para los hombres, los animales y la tierra. Como un tiempo de renovación y nueva creación; por eso dejar descansar la tierra era una forma de devolverle a Dios todo cuanto les había dado en la creación, para que Él los renovara. También se liberaban los esclavos y prisioneros; se perdonaban las deudas (cf. Lev 25,8ss). Comenzaban todas unas nuevas relaciones entre las personas e incluso con la naturaleza.

En la Iglesia, se retomó el jubileo cincuentenario como un tiempo en el cual Dios nos ofrece en Cristo la reconciliación con él por medio del perdón y nos invita también a perdonarnos y reconciliarnos entre nosotros (cf. Mt 18, 21-35).

Para esta doble reconciliación, el Sacramento de la Penitencia adquiere una actualidad e importancia grande en el año Jubilar. Ya que “Para los pecados cometidos después del Bautismo, Cristo instituyó el sacramento de la Reconciliación o Penitencia, por medio el cual el bautizado es reconciliado con Dios y con la Iglesia” (1). El año jubilar debe llamarnos fuertemente a buscar la verdadera y sincera conversión y reconciliación por este camino sacramental. Esta debe ser la primera forma de participar en el Jubileo Cincuentenario.

La segunda, no menos importante que la anterior, es la Comunión Eucarística; es decir la plena participación en el Santo Sacrificio de la Misa, consumando de forma sacramental la unión con Cristo y con los hermanos en “un solo Cuerpo”.

La tercera, es consecuencia de las dos anteriores, es la solidaridad en el amor fraterno; la práctica consciente de las obras de misericordia corporales y espirituales. Esto incluye, también, el compartir todos los bienes de la gracia y la salvación alcanzados por los fieles, por medio de los méritos de Cristo, que enriquecen a la totalidad de la Iglesia.  Aquello que en el Credo llamamos “La Comunión de los santos”.  Como fruto de esa Comunión de los Santos en los tesoros de gracia que Cristo ha dado a su Iglesia, encontramos un elemento característico de todo Jubileo: la concesión de las Indulgencias.

¿Qué son las Indulgencias? El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: “Las indulgencias son la remisión ante Dios de la pena temporal merecida por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa, que el fiel, cumpliendo determinadas condiciones, obtiene por sí mismo o por los difuntos, mediante el ministerio de la Iglesia, la cual como dispensadora de la redención, distribuye el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos”(2).

Cuando la persona comete pecado mortal, como su nombre lo indica: esa persona se hace merecedora del infierno; cae en un abismo de soledad y alejamiento del amor de Dios y de la vida que él nos comunica: pierde la gracia. Si esa persona muere en ese estado, permanecerá eternamente lejos de Dios y en eterno sufrimiento y privación de todo bien, que es entendido como un castigo o “pena” para siempre. Esta es la “Pena Eterna”. Cristo, murió por nosotros  y se ofreció en la cruz para redimirnos y obtenernos el perdón de los pecados y de su consecuencia, la pena eterna. Este perdón nos lo apropiamos por el sacramento del Bautismo y, para los ya bautizados que pecan, por el sacramento de la Penitencia. Cuando hacemos una buena confesión y recibimos la absolución, nos son perdonados los pecados y somos redimidos de la pena eterna.

Pero el pecado cometido ha dejado unas consecuencias que han causado daño: a nosotros mismos, a otras personas, al mundo; aunque el pecado haya sido perdonado del todo por el Señor y hayamos sido liberados del infierno, tales consecuencias negativas quedan temporalmente. La persona es “deudora” ante la justicia de Dios, porque ha sido responsable de ello. Este mal debe ser reparado del todo; cosa que muchas veces es imposible para la persona misma durante su vida terrena. Esta es la “Pena temporal”. 

Las acciones “reparadoras”  a veces son muy limitadas para pagar todo el daño causado. El Señor a quienes han recibido el perdón de sus pecados, les brinda después de la muerte, una última oportunidad para purificarse del todo y entrar en el gozo eterno en su presencia: es lo que tradicionalmente llamamos “Purgatorio”.  Esa purificación consiste en afrontar la verdad de las propias imperfecciones y sus consecuencias, sufriéndolas personalmente con toda intensidad; lo que produce un padecimiento indecible. Esto se  desarrolla en un estado y tiempo misterioso entre la persona y Dios. Lo diferencia del infierno, en que esa persona sabe que ese sufrimiento es temporal y, por tanto está segura de llegar finalmente a la felicidad eterna.

El  cristiano, en virtud de su condición de bautizado, que forma parte del Cuerpo Místico de Cristo, forma parte de la “comunión de los santos”;  puede participar de los bienes acumulados por los méritos infinitos de Jesucristo y de los santos que forman, como un tesoro espiritual de toda la Iglesia. Y, del mismo modo que el mal causado por uno, afecta de una forma a todos; también y, con más razón, el bien obrado por Cristo, los santos y los cristianos que están en la tierra, restaura y remedia los males. La Iglesia es la depositaria y administradora de este tesoro. El Papa, Sucesor de Pedro, como “Cabeza visible de la Iglesia” y máximo representante de la misma, es quien tiene la potestad de conceder la oportunidad de que una persona se apropie de algo de ese tesoro para reparar la pena temporal de algún pecado propio, o la obtenga para aplicársela solidariamente a algún difunto que se presume en el purgatorio. Esas gracias de obtener la remisión de la pena temporal; como veíamos arriba, es la “INDULGENCIA” o “INDULGENCIAS. Cuando la Indulgencia redime toda la pena temporal se llama “Indulgencia Plenaria”.

En ocasiones muy especiales, como en los jubileos, el Papa concede la Indulgencia a quienes realicen ciertas buenas obras por los demás, o acciones sagradas  determinadas por la Iglesia, siempre y cuando tengan la intensión manifiesta y consciente de hacerlo con ese fin.

Es así, como por motivo del Jubileo Cincuentenario de la Diócesis de Maturín, su Santidad el Papa Benedicto XVI, informado por este Servidor, ha concedido mediante un decreto de la Penitenciaria Pontificia, con fecha del 04 de diciembre de este año, la gracia de que los fieles puedan recibir la Indulgencia Plenaria, para sí mismos, o por un difunto, cuando asistan, individualmente o en grupo, en peregrinación a la Santa Iglesia Catedral de “Nuestra Señora del Carmen” de Maturín, entre el 01 de enero al 31 de diciembre del 2008.

¿Cómo ganar la indulgencia plenaria en el año jubilar?

Existen tres condiciones previas obligatorias: La Confesión sacramental, la Comunión eucarística y orar por las intenciones del Papa.

Cumplidas éstas, ahora vienen las condiciones propias del Jubileo: a) Ir en peregrinación a la Catedral “Ntra Señora del Carmen” en Maturín (individualmente o en grupo); b)asistir allí a la misa, o a otra celebración, c)Dedicando un tiempo a la meditación, concluyendo con el Padre Nuestro, el Credo y una oración de saludo a la Virgen María (siempre en la Catedral) (3)

¿Cuántas veces se puede ganar la Indulgencia Plenaria? Una sola vez al día. ¿Cómo se aplica? No se puede aplicar por otra persona viva, sino sólo por uno mismo, con el objeto de redimir la pena temporal de algún pecado propio que ya nos fue perdonado en la confesión sacramental. También se puede aplicar en sufragio por alguna bendita ánima del Purgatorio.

Existe también la “Indulgencia Parcial”. Si la Indulgencia Plenaria libra totalmente de la pena temporal- por eso es tan especial su concesión-, la “Indulgencia Parcial”, libra sólo una parte de la pena temporal, del valor de la que él fiel mismo con su acción ya recibe. La Indulgencia Parcial se puede lograr tantas veces al día, siempre que uno esté sinceramente arrepentido de sus pecados, practique las obras de misericordia, realice algún tipo de penitencia o sacrificio, o participe en aquellas acciones evangelizadoras señaladas por el Obispo con motivo de la Misión Jubilar Diocesana.

Los fieles impedidos, ancianos, enfermos graves, pueden ganar la Indulgencia Plenaria, si se han arrepentido de los pecados y están dispuestos a cumplir, lo más pronto posible, las tres condiciones obligatorias; siempre que se unan espiritualmente a las celebraciones en la Catedral y ofrezcan sus oraciones y dolores a Dios Misericordiosos por medio de María Santísima (4)

Pido a los Señores Párrocos que expliquen a los fieles de las distintas condiciones y edades, mediante catequesis adecuadas, el  sentido y el valor de las Indulgencias.

De manera pues, que estamos invitados a celebrar nuestro Jubileo, participando en las celebraciones centrales y en las diversas peregrinaciones: archiprestales, parroquiales, grupales, de las diferentes instituciones y gremios, para llenarnos de la gracia del Señor y poder ganar la Indulgencia Plenaria, que el Santo Padre Benedicto XVI ha concedido de manera tan especial a los católicos monaguenses y a todos los que, viniendo de otras partes, se unan a nosotros por el Jubileo.

  1. Momentos especiales del año Jubilar 2008.

El año 2008 es el Año Jubilar Cincuentenario. Desde enero comenzaremos con las diversas peregrinaciones a la Catedral por parte de las Instituciones y gremios, las cuales llamaremos “Jubileos”. Cada gremio irá programando con la secretaría ejecutiva del comité diocesano para el Jubileo, su día correspondiente en el año.

El  sábado 26 de enero, viviremos un evento fuerte de animación vocacional para toda la Diócesis que será la ordenación diaconal de los cuatro primeros candidatos al Sacerdocio egresados en el 2007 del Seminario “San Pablo Apóstol”. Será este el primer gran encuentro diocesano del año; el cual nos servirá para dar apertura a la tercera y última etapa de la Misión Diocesana, la etapa de la entrega de la Sagrada Escritura al Pueblo de Dios. El tiempo de la cuaresma servirá de marco privilegiado para dedicarnos  a escuchar la Palabra y a darle a la Sagrada Escritura el lugar que debe tener en nuestra vida de fe comunitaria y personal.

Este año, por razones obvias, la cuaresma deberá brindarnos un momento especialísimo de conversión y de reconciliación. Exhorto a los hermanos Sacerdotes a dedicar mayor tiempo a la atención de los fieles en la Confesión Sacramental. A promover acciones especiales de caridad y solidaridad en las parroquias, dando un especial énfasis a la Campaña Compartir. Así celebraremos la Pascua de este año jubilar reconciliados y haciendo buenas obras, frutos verdaderos de conversión y de nueva vida en Cristo.

El tiempo de la cincuentena pascual será dedicado a los jubileos de las parroquias, organizadas por archiprestazgos:

el sábado 12 de abril, el Arciprestazgo Oeste (Trinidad y Virgen del Valle de Punta de Mata, Corazón de Jesús del Tejero, San José de Aguasay, Santa Bárbara, Ntra Sra de Coromoto de Jusepín);

El sábado 03 de mayo, el Archiprestazgo Norte(Ángel Custodio de Caripe, San Antonio de Padua, Sto Domingo de Guzmán de Caicara, San Isidro Labrador de Aragua de Maturín);

El sábado 10 de mayo, el Archiprestazgo Este (Corazón de Jesús de Caripito, S. Pedro Apóstol del Rincón, San Rafael Arcángel de la Sabana, Ntra Sra del Valle de Quiriquire);

El sábado 17 de mayo, el Archiprestazgo Centro(Ntra Sra del Carmen, San Simón y San Judas, Santísima Cruz, San José Obrero, San Ignacio de Loyola, San Juan Bautista, Santo Domingo de Guzmán, San Maturín, Ntra Sra Misionera de la Esperanza, Cristo Resucitado, Santa Cruz del Calvario, Ntra Sra del Rosario, San Isidro de la Pica);

Sábado 31 de mayo, el Archiprestazgo Sur (San Carlos de Uracoa, San Rafael Arcángel de Barrancas, San José y San Juan Eudes de Temblador).

Invito a que estas peregrinaciones jubilares sean preparadas, localmente, además de la especial vivencia sacramental, con eventos oportunos al objetivo del año jubilar: conocimiento de la historia de la Diócesis, memoria agradecida a las “piedras vivas”, desafíos y compromisos cara al futuro y eventos celebrativos dignos y motivantes.

Como momentos cumbres del Jubileo Diocesano, estarán: en primer lugar, el día 24 de mayo, quincuagésimo aniversario de la Erección Canónica de la Diócesis de Maturín; comenzará la celebración la tarde del día 23 (26 aniversario de la dedicación de Catedral) con las vísperas solemnes y un concierto sacro; el propio día 24 tendrá lugar, Dios mediante, la Eucaristía Jubilar, concelebrada por los Señores Arzobispos y Obispos de Venezuela, en la cual se impartirá la Bendición Papal, por especial concesión de Su Santidad Benedicto XVI. El segundo momento cumbre será el 14 de septiembre quincuagésimo aniversario episcopal del Excelentísimo y Reverendísimo Monseñor Antonio José Ramírez Salaverría, Obispo Emérito de Maturín, quien fuera el primer Obispo de la cincuentenaria Diócesis.

  1. Hacia el futuro.

Para cumplir con el momento de reflexión a la luz de la fe sobre la realidad de nuestra Diócesis; sobre sus luces, sombras y desafíos, esperamos preparar y celebrar la Asamblea Diocesana que nos llevará a actualizar el marco referencial de la Diócesis de Maturín y el ideal de Iglesia Comunión y Misionera, iluminados por los documentos del Concilio Plenario de Venezuela y el de Aparecida. Desde allí trazaremos los nuevos derroteros de nuestro caminar eclesial en Monagas cara al futuro. Esperamos poder realizar esta importantísima Asamblea Diocesana para los días 14 y 15 de noviembre.

  1. Saludo y despedida

Como les he venido diciendo con insistencia, la oración: comunitaria y de personal intimidad con el Señor, es necesaria para cumplir con todos los objetivos del año jubilar. Invito a continuar rezando la “oración para el Jubileo Cincuentenario” en las misas, al momento de la acción de gracias después de la comunión. El mismo texto de esa oración tiene elementos para una buena reflexión o reflexiones espirituales, a modo de una jornada de retiro preparatorio a la peregrinación jubilar, o como motivación a vivir el año que está comenzando.

Como ayuda para una celebración de acción de gracias por los 50 años: hora santa ante el Santísimo, celebración de Palabra, o como himno de laudes o vísperas; puede usarse el “Pregón del Jubileo Cincuentenario de la Diócesis de Maturín”, que se encuentra al final de la anterior Carta Pastoral del 06-01-06.

Me despido, por los momentos,  dejándoles, como invitación a celebrar el Jubileo, estas estrofas del mencionado Pregón.

Eleven, pues, los hijos de la Iglesia Diocesana de Monagas al Eterno Padre y a su Hijo Jesucristo, movidos por la luz del Santo Espíritu, un inmenso canto de alabanza y de acción de gracias. Renueven su consagración al Señor que recibieron en el Santo Bautismo.

Congréguense para crecer más y ser mejores discípulos del Maestro, más y mejores apóstoles de Cristo.

Que, puestos nuestros ojos en la Santísima y Gloriosísima Trinidad del Dios Único, lleguemos a ser todos, Fieles y Pastores, Iglesia de comunión: “signo visible en la tierra de la unidad de todos los hombres con Dios y de ellos entre sí”.

Les deseo un feliz año Jubilar 2008 a todos. Les envío mi Bendición Episcopal.

Dado en la Curia Episcopal de Maturín, el 05 de enero de 2008, vísperas de la Epifanía del Señor.

 

+Enrique Pérez Lavado
Obispo de Maturín

  

NOTAS

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 200

Ib, n. 312.

Cf. Penitenciaría Apostólica, Decreto, Prot. N. 601/07/1 y comunicado adjunto.

Cf. Ib.

PENITENCIARÍA APOSTÓLICA

Prot. N. 601/ 07/ 1

DECRETO

LA PENITENCIARÍA APOSTÓLICA, en virtud de las facultades así otorgadas de especialísima manera por el Santísimo en Cristo Padre y Señor Nuestro, Benedicto, por la Divina Providencia Papa XVI, benignamente concede al Excelentísimo y Reverendísimo, Enrique Pérez Lavado, Obispo de Maturín que, en el día del 50 aniversario de la erección de la Diócesis, en el Templo Catedralicio, después de efectuado el divino Sacrificio, imparta a todos los fieles presentes, que estén libres de todo pecado y llenos de lo sagrado, la Bendición Papal con Indulgencia Plenaria, sujeta a las condiciones de costumbre, (Confesión Sacramental, Comunión Eucarística, Oración por las intenciones del Sumo Pontífice), permaneciendo integra la facultad de aquellas tres, que por derecho común pueden alargarse por un año.

Los fieles que devotamente reciban la Bendición Papal, si por alguna causa razonable no pudieren presenciar físicamente los ritos sagrados, pueden ganar la Indulgencia Plenaria, según las norma del Derecho, con piadosa intención al seguir por Televisión u otros medios radiofónicos la transmisión de dichos ritos.

Sin que obste ninguna cosa en contra.

Dado en Roma, en la Sede de la Penitenciaría Apostólica, el día 04 del mes de diciembre de la Encarnación del Señor 2007.

+Jacobo Francisco S.E.R. Card. Staford
Penitenciario Mayor

 

+ Juan Francisco Girott, O.F.M. Conv.
Ep. Tit. Metensis, Regente.

DICIEMBRE 04 DEL 2007

LA PENITENCIARÍA APOSTÓLICA, por mandato del Sumo Pontífice, concede Indulgencia Plenaria a los fieles verdaderamente arrepentidos de sus pecados, lucrada una vez al día, dentro de las condiciones acostumbradas (Confesión Sacramental, Comunión Eucarística y Oración por las intenciones del Sumo Pontífice) cumplidas debidamente; la Indulgencia Plenaria también puede aplicarse a manera de sufragio por las Benditas Almas del Purgatorio:

Peregrinando a la Iglesia Catedral de la Bienaventurada Virgen del Monte Carmelo, asistiendo allí a alguna celebración o ejercicio piadoso;

Asistiendo separadamente o en grupo al Templo Catedral, dedicando un tiempo a la meditación, concluyendo con el Padre Nuestro, la Profesión de fe, según alguna de sus formas y una invocación a la Beatísima Virgen María.

LOS FIELES IMPEDIDOS, ya por vejez, ya por enfermedad grave, igualmente pueden ganarse la Indulgencia Plenaria, si habido el arrepentimiento de los pecados y cumplidas cuanto antes las tres condiciones de costumbre, se unen espiritualmente a las celebraciones jubilares y ofrecen sus oraciones y dolores a Dios Misericordioso por medio de María Santísima.

ADEMÁS, los fieles pueden lograr la Indulgencia Parcial tantas veces al día que, arrepentidos de sus pecados, practiquen las obras de misericordia, de penitencia o de evangelización propuestas por el Obispo Diocesano.

La presente disposición es válida durante todo el Año Jubilar Diocesano de Maturín.

In que obste ninguna cosa en contrario.

+Jacobus Franciscus S.R.E. Card. Stafford
Penitentiarius Maior

 Johannes Franciscus Girotti, O.F.M. Conv.
Ep. Titularis Metensis, Regens

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